
Decían mis profesores de la universidad, que en tiempos de crisis afloran los artesanos. Debe ser porque la gente busca medios alternativos de ganar dinero, y en la Cuba de los 90, esa necesidad nos invadió.
En ciudades turísticas como Trinidad de Cuba, muchos fueron los artesanos que afloraron, y entre ellos, los talladores, tejedores, pintores, ceramistas, tuvieron el lugar más destacado.
En ciudades turísticas como Trinidad de Cuba, muchos fueron los artesanos que afloraron, y entre ellos, los talladores, tejedores, pintores, ceramistas, tuvieron el lugar más destacado.

Con él estuve conversando largo y tendido y saciando mi curiosidad por los avatares de su pintoresca vida. Aquí les trascribo mis anotaciones, para que de este modo, conozcan mejor a un trinitario auténtico, a un cubano genuino, y con él, un pedazo de la historia viviente de Cuba y sus pobladores.

Su infancia fue como la de todos los niños de su edad. Estudió la primaria en los colegios de la ciudad y con 16 años se fue al servicio militar obligatorio (SMO) hasta los 19 años.
Con esa edad se fue a Placetas, provincia de Villa Clara, a estudiar la especialidad de conductor de trenes. Cuatro años después ya estaba en condiciones de ejercer dicha profesión, pero la verdad es que no lo enganchó demasiado ese oficio.

Algunos meses después, regresó a Trinidad y empezó a trabajar en el taller de cerámica de “El Alfarero”, la empresa de alfarería de la ciudad, propiedad de la familia Santander, familia de origen española que mantuvo el monopolio del barro en Trinidad incluso después del triunfo de la Revolución.
Allí permaneció aproximadamente 9 años, y descubrió su vocación de ceramista, pues tuvo la oportunidad de hacer sus primeras obras usando los materiales que allí tenía a mano y el resto de posibilidades propias de una fábrica de cerámica como esta.
En 1985, contando ya con 32 años, viajó a Alemania, país donde permaneció durante 4 años estudiando el idioma y trabajando en una fábrica de papel.


En 1990 regresó a Cuba con la incertidumbre del Período Especial y de lo que podría ser de la Revolución.
Cuenta Durán que a su regreso, tenía la sensación de que en la isla todo era viejo, que todo estaba empobrecido. Parece que su visita al país de Carlos Marx le dio otra visión del mundo. Todo parece indicar que después de una experiencia tan impactante, ya no volvió a ser el mismo.


DATOS DE CONTACTO DEL ARTISTA:
Roberto Durán Bermúdez
Calle José Mendoza nº 167
E/ Agustín Bernal y Antonio Duménico
Trinidad, Sancti Spíritus.
TADEO
